Cada vez es más habitual.
El paciente no siempre lo dice, pero llega influido.
Vienen a consulta con ideas muy claras: que hay que “limpiar el intestino”, que un suplemento “desinflama”, que existe una solución simple para un problema complejo…
No viene de una consulta médica.
Viene de un vídeo corto, bien contado y muy convincente.
⚠️ Ahí está el riesgo: el relato pesa más que la evidencia, la experiencia personal parece más fiable que los datos i los riesgos casi nunca se mencionan.
En la práctica clínica esto se traduce en autodiagnósticos incorrectos, tratamientos inadecuados, efectos adversos evitablesy más frustración para pacientes y profesionales.
Quizá toca asumirlo de una vez:
“Lo he visto en TikTok” es un nuevo antecedente clínico.
Y como sanitarios, no podemos mirar hacia otro lado: hay que preguntarlo, contextualizarlo y aplicar criterio.