La historia de la medicina no es solo ciencia.
También es poder.
Cuando pensamos en la historia de la medicina, recordamos nombres propios. Los “padres fundadores”. Los grandes descubrimientos.
Pero durante siglos también hubo mujeres que curaron, asistieron partos, transmitieron conocimiento práctico y sostuvieron comunidades.
No estaban en las universidades. No tenían licencia.
No formaban parte de la estructura oficial.
Cuando la medicina se profesionalizó, avanzó.
Pero también decidió quién podía ejercer y qué conocimiento era considerado legítimo.
La ciencia necesita rigor. Pero también tiene contexto.
Entender la historia con esta complejidad no es reescribirla.
Es mirarla completa.