En consulta lo veo cada día.
Seguimos abordándola como si fuera una decisión individual: comer mejor, moverse más.
Pero eso es solo la superficie.
La obesidad es una enfermedad crónica, sí.
Pero sobre todo es el resultado de un entorno que lo pone difícil: acceso desigual a alimentos de calidad, ultraprocesados omnipresentes, poco tiempo, poco espacio y poca facilidad para moverse.
Solo un 7% de los países tiene sistemas de salud preparados para abordarla de forma adecuada.
Y mientras tanto, seguimos trasladando toda la responsabilidad al paciente.
Hay medidas que funcionan: fiscalidad sobre bebidas azucaradas, regulación del marketing dirigido a la infancia, facilitar el acceso a alimentos saludables, promover la actividad física desde el sistema.
No es teoría. Es salud pública.
Llegaremos tarde si solo actuamos en la consulta.
Porque la obesidad empieza a decidirse mucho antes de que el paciente entre por la puerta.