En la consulta, no siempre hay una respuesta clara.
Hay síntomas sin una causa única, pruebas normales que no explican del todo el malestar, y decisiones que no son blancas o negras.
Decir “no lo sabemos con certeza” no es una derrota. Es una forma honesta de hacer medicina.
Y quizá también es lo más difícil de aceptar.